«Me cago en Hello Kitty». Ahora sí.

26 febrero de 2015

Los gustos son harto complejos si nos ponemos a hablar de sudaderas con perritos rosa, carritos de la compra de cuadros o carcasas para el móvil con caras de animales más grandes que la tuya… Pero resultan especialmente enrevesados cuando las elecciones pasan por estampar a Hello Kitty hasta en el baño.

No os juzgaré si lo hacéis, simplemente recordaré que (algunos) ya pasáis de los 12… y eso, habría que hacérselo mirar. Pero por una vez (já!), seré sincera: no soporto a Hello Kitty.

Puede que me haya visto influenciada por una infancia de correteos por los montes, tardes sobre los tejados con Don gato (sin lazos rosa) y su pandilla, o por demasiados bocatas de Nocilla blanca sobre pan tostado, pero no, eso, tampoco tiene la culpa de mi desequilibrio.

Lo siento, el merchandising borrego no es “cultura pop”. Que si bici,  que si horquillas, que si chicle, que si kleenex, que si stickers para la pared… vamos, que hay hasta profilácticos de la jodía.

En fin, que yo, me cago en Hello Kitty. Ahora sí.

Detesto a Hello Kitty Detesto a Hello Kitty Detesto a Hello Kitty  Detesto a Hello Kitty Detesto a Hello Kitty Detesto a Hello Kitty Detesto a Hello Kitty

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