Los Yate Isla o el algoritmo del cuento de la lechera

08 noviembre de 2012

Está claro que el dinero remarca nuestras características más primitivas: la persona elegante con dinero es tremendamente exquisita y el maleducado se convierte en tremendamente ordinario.

Todo funciona por el algoritmo del cuento de la lechera. Tú ponte a imaginar qué harías si fueses millonario y entonces sabrás en cuál de ambos grupos te podrías acoplar. Y si lo dudas, pide consejo a terceros…

Pero si entre tus sueños, gustos a parte, está navegar con la República Dominicana a cuestas por el resto de tus días, ¡no sigas buscando! En Yatch Island Design te la construyen para que tu buen (o dudoso) gusto de nuevo millonario encuentre su satisfacción y los billetes dejen de apretarte en el pantalón.

No es broma, pdf en mano tendrás que cubrir datos como número de tripulantes e invitados y la temática principal de tu nuevo yate-loveBoat, y ellos se dedicarán a sacarte los cuartos, con glamour, eso sí, para llevarlo a cabo.

¿Que quieres construir una nave espacial en plena alta mar como alternativa a las palmeras? ¡También la tienen! ¿Que quieres conseguir dejar a todos boquiabiertos con las calles de Mónaco de proa a popa? Tendrás tu Principado flotante a golpe de talonario.

En Yatch Island Design hacen realidad extravagantes deseos flotantes a gente con mucho caudal. No hay límite de cutrerío, mal gusto o espectacularidad. El dinero es el único handicap, la imaginación será… cuestión de clases.

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Image Credit: Yatch Island Design

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otras cosas chulas...

  1. Algunos sueños se pueden hacer realidad con dinero, pueden ser sueños bonitos u horteras, pero quien los cumple los disfruta, que le importa lo que pensemos los demás. Si yo tuviera dinero podría viajar, ir más asiduamente a óperas, teatros, conciertos… Y si ya tuviera la posibilidad de relacionarme con personas que me encantaría conocer, escritores, premios nobel, personajes relevantes de la sociedad…

    • Estoy totalmente a favor de que se cumplan los sueños, con más o menos clase, y estaría encantada de ir flotando palmeras al viento, pero no está mal, de vez en cuando, “cuestionar” lo inalcanzable ;-))

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