La caca de tu hijo: no, gracias

04 abril de 2016

Hacía tiempo que no tenía el gusto de recordar cuán irracionales se vuelven algunas personas después de ser padres, pero invadida por una de esas etapas en las que, o das a luz o te rodean las historias de partos recientes, la cosa era cuestión de tiempo.

Y, con esas, ayer nos visitaba una pareja de padres con su mostrenquito de año y medio debajo del brazo. Con las cervezas frías en la nevera buscando algo de conversación adulta, al final las pastas de mantequilla (ideales para deshacerse en la boca de su “bebé”) fueron el centro de atención de la mesa junto a los pedos que regularmente se tiraba aquel gigante ser humano en construcción para con quien Modernito y  yo fingíamos todo tipo de interés desinteresado.

Pero el problema llegó. Y no lo hizo cuando cambiaron el primer pañal sobre mi sofá japonés de 2000 euros sin ni siquiera consultar… El problema llegó cuando, tras marcharse de casa horas después, todo apestaba a mierdaY no a una mierda cualquiera: a una mierda de ser humano que come yogures caducados con calimocho durante años. 🙊

pedo

Con el kit de Sherlock Holmes, inspeccioné entonces, una a una, cada papelera de nuestro hogar, hasta que me topé con aquella bolsa de plástico que contenía, probablemente, el hedor más soporífero aspirado jamás. ¡¿Pero qué comen ahora los niños?!

Señoras madres. Cambien a sus hijos donde les plazca (menos en mi sofá) pero… estoy segura de que en esas maravillosas bolsas llenas de trastos inservibles que las acompañan junto a sus bebés, tienen un hueco para llevarse su mierda.

Atentamente.

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