Dar de mamar en público, me tiene frita

21 septiembre de 2014

Mientras me preparo para la avalancha de biberones y objetos arrojadizos que me caerán, con toda seguridad, a medida que escribo este artículo, déjame recordarte algo: tú antes, no eras así.

Ayer se me ocurrió comentar en el trabajo la “indecencia” de una mujer que, cuando su trasero y mi trasero combatían por el último centímetro cuadrado libre en la terraza de un chiringuito de moda, se levantaba para sisar espacio a la falta de espacio y, canturreando a la vez que dando botes entre las sillas de playa, inmovilizaba a un niño con una mano, se sacaba un pecho con la otra (palma abierta) e iniciaba su labor, pezones lactantes al viento, de madre “porque yo lo valgo”.

Mientras tanto, yo daba sorbos tímidamente a mi agua con gas, cortando calamares salpicados por una recién ordeñada leche maternal, reflexionando por momentos: ¿no existirá un lugar más discreto para que esta mujer se saque los pechos (palma abierta) sin darme golpes entre tambaleo y tambaleo, y/o molestar. Maldita la hora en la que tan interesante tema de conversación cayó sobre la mesa.

Lo de “molestar” se ve que es tema complejo. Creo que todos estaremos de acuerdo en que dar de mamar es algo íntimo y no para ser compartido en Facebook o con la vecina de chiringuito, ¿no? Sin embargo, es manifestar que te incomodan las formas y ¡todo el mundo a defender los pechos fuera!, porque somos cool.

Me parece perfecto, hay que dar de mamar (en público también), pero digo yo que existirá alguna diferencia entre tambalearse sobre la tarima de una terraza llena de personas compartiendo manjar y quedarse discretamente sentada en una silla, “sin molestar”, incluso me atrevo a sugerir que cubierta por algún tipo de prenda que ya se haya diseñado para realizar este acto íntimamente y que favorezca que nadie te vea el pezón desde todo lo alto, “madre coraje”. Pero es sacar el temita de marras, y hay que ponerse a cubierto.

Ropa discreta para la lactancia

A mí lo que me llama la atención es que si yo llevo un vestido entallado o se me presuponen dos pechos debajo de toda esta tela, la mala soy yo y, los mismos que defienden la lactancia pública, son los que te reprenden en el trabajo y se te lanzan encima en tu vida personal… No te digo ya como se te marque el pezoncillo, que ni la excusa de que hace un frío de mil demonios te salva de aquel “guarrilla” a deshora. Porque no se puede ser sexual. Cosa mala, muy muy mala.

Perdonen, los pechos también son algo natural antes de que produzcan leche, y si se te apetecen sexuales, igual el problema lo tienes tú, pues las intenciones no cambian cuando te cuelgas a un niño del cuello. Aunque si prefieres nos los vendamos. Es más, en la  playa de rigor no se podía hacer topless, ¿por qué?, ¿y sacar la teta en el medio de un restaurante en la misma playa, sí?

¡Perfecto! Entonces, saquémonos todas las mujeres la teta, porque “no es más que una teta, mujer…”. Cito argumento final de la discusión de quien, por supuesto, ganó la batalla y a mí, se me cortó la digestión.

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