Los conguitos ¿racistas? La evolución de la imagen de una marca «de toda la vida»

04 abril de 2013

Cuando, en algún tiempo pasado, estudiaba una carrera y lucía palmito de veinteañera, conocí a una aguerrida feminista, además de profesora, que me hizo replantearme el colorete universitario ajeno, convirtiéndolo en polémica de acción, y de paso me enseñó la relevancia de mantenerme elegantemente callada ante las batallas perdidas (o al menos por entonces).

Se llamaba María Frías (saludos si me lees desde el anonimato) y, en el tiempo que relato, denunciaba públicamente a la empresa Lacasa (padres de los conocidos Conguitos), por su “racismo” a través del uso y abuso de la imagen de su marca.

Así que, entre estupendas sesiones de Kate Chopin y Charlotte Perkins Gilman, confundidas con tanto postureo progre, toda su elegante mala leche se centraba alternativamente en aleccionar a un nuevo grupo de estudiantes (y futuros votantes), con un mensaje claro: «la marca Conguitos insulta a millones de africanos, hiere la sensibilidad de cualquiera y fomenta estereotipos negativos».

María Frías emprendió entonces, y ante mi perplejidad, una sonora campaña de recogida de firmas entre aquellos alumnos entre los que me encontraba, y aprovechaba  cada una de sus apariciones para sumar más rúbricas a la causa. ¿Su meta? Sensibilizar a Lacasa, la empresa zaragozana que todavía fabrica estos cacahuetes recubiertos de chocolate que tanto me gustan, para que modificasen su imagen de marca.

A María no había argumento que la ablandase, probé con hacerla entender el concepto “caricatura”, “imaginación”, hacer símiles con el simbolismo de los Simpson y su aceptación humorística… pero finalmente decidí que el silencio era la mejor vía pues, en el fondo, yo también necesitaba un aprobado para la Licenciatura ;-)

Entonces salió el “conguito blanco” a escena. ¡Maldita la hora! Y el altercado subió unos grados. Ya no solo era el color, ahora era un negro blanco…. «Parece un albino, una etnia discriminada terriblemente en África», nos recordaba María.

Por un lado, María lamentaba la «desnudez total» del diseño, por otra el nombre (conguitos=habitantes del Congo), también el color del conguito blanco… y mientras algunas de mis compañeras alucinantemente defendían la causa, Anabel Cebollada, del Departamento de Marketing de Lacasa, al menos por entonces, rebatía con que «al conguito le quitaron el ombligo hace diez años, a petición de los niños», y con este cambio «da la impresión de que ya no va desnudo».

Otra de las fijaciones de mi ex-profesora era la lanza que portaba el diseño, pues «subraya el carácter salvaje de la población africana». «Es una especie de canibalismo. Te comes al negro», añadía horrorizada. Anabel Cebollada, por su lado, matizaba que el arma había sido eliminada de todos los productos de la marca, excepto del turrón: «antes salía en el envoltorio, y la quitamos. Lo que pasa es que el molde todavía no lo hemos modernizado».

Y ya por último (no por ello menos importante), a María no le contentaban los ojos «enormes» y los labios «exageradamente gruesos y pintados de rojo carmín». Eran  aún más racistas… (para esto, no recuerdo argumentos, pero tié tela). Lacasa respondía que la imagen de Conguitos «es familiar y entrañable» y que los rasgos físicos de la mascota «gustan a niños y a mayores desde hace cuarenta años», y que por ello no hay intención alguna de variarlos radicalmente (claro, por le han dado la razón).

Ai ai ai ai ai, canta y no llores por tus conguitos. Cuando pienso en “comerme al negro”, querida María, lo único que viene a mi rostro es una sonrisa, con lo cual, gracias por haberte cargado mi infancia y a la imagen corporativa del conguito tradicional (muy a pesar del flaco apoyo de la señorita Cebollada), porque sí, lo has conseguido, y ahora tenemos a un gordo blanco con rasgos de blanco pintado de negro y, ¿sabes qué más? a una que ya no siente ganas de comprar algo que, si tú vivieses del branding empresarial o supieses algo de la importancia del exotismo en el packaging de este tipo de productos, entenderías, objetivamente, que te has cargado también. Y, con esto, espero que disfrutes de tus “M&Ms”

Estos eran los Conguitos con los que yo crecí:

Conguitos

Y estos otros, después de quitarles la lanza, posteriormente los labios y yo que sé cuántas cirugías más, son la especie de fantasma Cásper ennegrecido resultante que, habría que preguntar a los niños de hoy…., pero acojona! Y lo peor, han perdido su característica personalidad.

Conguitos

Y ahora, ¿qué?, ¿los hacemos adelgazar?

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