A punto de explotar.

24 mayo de 2016

Llega un día en el que todo se desmorona. No es una fecha especial, es así de sencillo. Tú has tenido tus crisis, pero has levantado cabeza y la has vuelto a levantar. Pero cuando ese día llega, creyendo que ya nada te hará temblar, a los 30, a los 40, quién sabe si a los 50, te preguntas, en la soledad de una noche de insomnio en la que, en algún otro momento te hubiese acompañado el alcohol, o un mal polvo por resignación: ¿por cuánto más has de tener que pasar?

¿Merece la pena continuar? Es otra forma de verlo. Se rumorea que hay personas que no lo han sentido jamás. Dicen que existe el privilegio de no pensar en los demás. Sin más.

Un paraíso sin familia a la que despedir con el paso de los años, sin recuerdos no resueltos que regresan con constancia y lentitud, sin noches en las que no dormir te lleven a reflexiones como esta.

Lastima. La vida lastima. Lastima para aplazar tus ideas. Lastima para verte envejecer. Lastima para posponer, o quizás para acelerar lo que ha de llegar y creías que jamás llegaría…

Y divierte. Te entretiene mientras conoces el amor. Mientras sueñas con tu pequeña familia de nueva creación. Te entretiene para que no repares que todo dura un ratito hasta que algo te vuelve a hacer temblar.

Es otra forma de verlo. Sin más.

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